El movimiento antiglobalización tiene un referente de unidad en el Foro Social de
Porto Alegre para enfrentar un capitalismo que cambia de aspecto con el neoliberalismo y continúa provocando a la humanidad
los peores sufrimientos en medio de un abominable despilfarro. La historia no ha terminado. A la caída de los referentes alternativos
del siglo XX, el capitalismo ha respondido globalizando un proyecto de dominación a través de acuerdos como el AMI, con propuestas
que desprecian el papel de la democracia en la economía. Esto crea las condiciones para la oposición radical desde la sociedad
civil. En Seattle se produjo un cambio del discurso neoliberal para intentar suavizar las propuestas, hasta ese momento prácticamente
secretas, que pretendían sentar las bases para una dictadura mundial del capital. Este es el camino: la respuesta social ha
permitido lanzar de nuevo la idea de que otro mundo es posible a través de pequeños avances, que se han concretado en Porto
Alegre.
La globalización neoliberal ha provocado dos grandes fracturas: una,
que afecta al planeta, está rompiendo el equilibrio de nuestra relación con el medio ambiente; otra, que afecta a la humanidad,
divide a las personas por su lugar de nacimiento, su origen, su condición económica o jurídica o sus ideas. La respuesta a
esas fracturas no puede ser otra que globalizar la solidaridad, actuando más allá de las fronteras que son un límite para
la acción de las democracias pero no para la acumulación multinacional de capital. El movimiento antiglobalización no puede
basar sus alternativas en la idea del crecimiento económico, porque esto significaría conducir a las víctimas a defender a
sus verdugos. Esta acumulación ha relanzado después del 11-S un proyecto autoritario global a través de la militarización,
cuya punta de lanza es hoy la reocupación de Palestina. Nos encontramos ante la imagen de un holocausto. Otra de las consecuencias
del 11-S es el retroceso de las libertades civiles, de los derechos y garantías de las personas, sobre todo aquellas privadas
de libertad, y la criminalización de todas las ideas y movimientos sociales que se oponen al pensamiento único.
El poder neoliberal hace apología de este holocausto en medio de la
ceguera apocalíptica de nuestras propias sociedades. Las alternativas frente a este poder autoritario sólo son viables si
representan un verdadero desafío, que puede conducir a la censura, la represión o la ilegalización. Sólo mediante la coordinación
solidaria entre todas las propuestas podremos viabilizar la lucha contra los responsables del holocausto.
África es hoy un escenario continental de la tragedia a la que conduce
la globalización neoliberal. En África cabalgan hoy cuatro generales: el SIDA, el ébola, el paludismo y la falta de agua potable.
La extracción de materias primas y la explotación sistemática han conducido al continente a una reproducción del colonialismo
que comenzó por la destrucción de las bases culturales de los pueblos africanos. Las empresas multinacionales pretenden que
los pueblos africanos sean consumidores a la vez que no les permiten ser productores. El problema de la emigración es el hambre,
la guerra y la miseria generada por esta situación. El desarrollo en paz es la alternativa.
Hablar de cultura de los pueblos significa reconocer que los pueblos
existen, que existe una pluralidad de identidades. El movimiento antiglobalización es el heredero del movimiento antiimperialista
en la época de la sociedad de la información. Las diferencias que dan sentido a las identidades de los pueblos del mundo han
surgido de la falta de comunicaciones entre comunidades humanas, por motivos geográficos o culturales. La sociedad de la información
supera estas condiciones originales de aislamiento y provoca la abstracción de los obstáculos geográficos y la homogeneización
cultural que son funcionales al comercio mundial y a la presencia global de las empresas multinacionales. Si el movimiento
antiimperialista se basaba en la emancipación de los pueblos oprimidos por la expansión del capitalismo fuera de las fronteras
nacionales, fundamentalmente la liberación de las colonias, hoy el movimiento antiglobalización se encuentra inmerso en un
debate sobre el reconocimiento del derecho de autodeterminación.
La defensa de los principios universales de derechos humanos, democracia
y no violencia frente a la globalización neoliberal y su proyecto de dictadura omnímoda del capital debe ser compatible con
la defensa de la existencia de la diversidad de culturas e identidades que son el más preciado patrimonio de la humanidad.
Los pueblos son un sujeto social auto-identificado, pueden ser un sujeto político que se dota de instrumentos para administrar
sus intereses, y también pueden constituirse en sujeto soberano para establecer el marco en el que adoptar sus propias decisiones
colectivas y sus relaciones con otros pueblos. La globalización de la solidaridad no puede emplearse para negar a cualquier
pueblo que se auto-identifique como sujeto social distinto la posibilidad o la necesidad de plantearse como sujeto político
democrático su condición de sujeto soberano. En la constitución de nuevos estados nacionales no sólo intervienen los intereses
del poder neoliberal global de dividir y vencer, sino también la resistencia de los pueblos sin estado para no continuar alienados,
oprimidos, y no desaparecer en la homogeneización que provoca la propia globalización neoliberal. Por eso, el movimiento antiglobalización
de cada región, ha adaptado al mundo actual la herencia del antiimperialismo, ha de continuar siendo fiel a la defensa de
la autodeterminación de los pueblos como un derecho inalienable para reivindicar la diversidad de culturas e identidades.
El Foro expresa su condena del holocausto en Palestina perpetrado por
el Gobierno sionista de Israel amparado por EEUU con el beneplácito de Europa, así como reafirma su solidaridad con el pueblo
palestino para que pueda ejercer sus derechos nacionales.
texto asaltado del grupo de msn de la nnuka (PunKNoMueREGrRlZDxTrOy)