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En esta sociedad en la que nos ha tocado vivir y después de muchísimos años, seguimos soportando pesadas cargas, lastres, lacras heredadas de nuestros ancestros, de generación en generación desde hace muchísimos años, las cuales han ido sobreviviendo año tras año, siglo tras siglo al paso del tiempo gracias a su poder de adaptación a los tiempos, a las personas, a las circunstancias y a una increíble habilidad para hacer que todo siga igual a pesar de los cambios surgidos en cada época que les ha tocado vivir. El militarismo es una de esas lacras y su fin parece todavía bastante lejano en el tiempo pues últimamente sus pupilos, no sólo lo están poniendo de actualidad, sino que le han dado un giro, por supuesto fingido, a su misión sobre la tierra. Nos referimos evidentemente al carácter "humanitario" que se le confiere a los máximos adalides de la lógica militarista, los militares y sus ejércitos.
El militarismo a lo largo de la historia ha sido el causante de infinidad de injusticias, atropellos, guerras, asesinatos, genocidios y una larga, larguísima lista de barbaridades innombrables e injustificables que nos llevan a concluir sin la menor duda que la lacra militarista es la causante de gran parte de los males de la humanidad. El cáncer militarista no lo producen sólo los militares (principales actores de esta dantesca tragedia) sino también los patrióticos ciudadanos que creen necesaria la existencia de los ejércitos para protegerles de invasiones extranjeras o revoluciones internas que trastornen su modo de vida, su bienestar y sus intereses, generalmente oscuros e inconfesables. Estos ciudadanos apoyan las guerras pero ellos no van a ellas y se cuidan muy mucho de procurar que sus hijos tampoco lo hagan, pues su misión será otra distinta (gobernar el país y sus instituciones cuando ellos dejen de hacerlo).
Luego están los patriotas convencidos, esos que mandan a sus hijos al matadero de las guerras orgullosos de sacrificar su vida para el engrandecimiento de la madre patria lamentándose de no poder ir ellos mismos (carne de cañón). Éstos reconocen patrias, banderas, jerarquías y santas cruzadas contra el terrorista, el infiel, el rojo, el malo en una palabra y se creen el brazo justiciero de Dios sobre la tierra.
Tras el militarismo también se esconden los intereses económicos de las multinacionales y la industria armamentística, que necesita del militarismo para subsistir, pues los militares son sus mejores clientes, por eso los países donde la industria armamentística es muy importante (EE UU) necesitan potenciar las guerras, ya que para esta industria suponen un negocio redondo y los Estados hegemónicos tienen que utilizar las armas que se van quedando caducas sustituyéndolas por otras nuevas y tecnológicamente superiores. Concluimos, pues, que mientras el militarismo, sus ejércitos, aquellos que los defienden y justifican, la industria armamentística y multinacional, la hegemonía de los países ricos sobre los pobres sigan existiendo, seguirán existiendo las guerras, la desigualdad, la miseria, el hambre y todo aquello contra lo cual luchamos todos los hombres y mujeres libres del mundo, los anarquistas.

¿Qué hacer contra el militarismo?
Evidentemente rechazarlo en todos los planos:
En el económico, no financiándolo.
En el social, protestando contra él y sus atropellos.
En el laboral, promoviendo la reconversión de la industria armamentística en una industria más productiva y pacífica.
En el educativo, educando a nuestros hijos en el antiautoritarismo, en la igualdad y en la libertad individual y colectiva.
Pero, eso sí, todo esto sólo se puede hacer a través de organizaciones antiautoritarias, anti-militaristas, no jerárquicas y, a poder ser, anarquistas.
La desaparición de la lacra militarista y de todas las demás depende de nosotros. Manos a la obra pues.

texto robado del grupo de msn de la nnuka (PunKNoMueREGrRlZDxTrOy)

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